Las primeras líneas son de Susa Lobo,poeta Argentina
Buen día amigos-hermanos
algunos seguirán de viaje..., para otros es permanente...
... luego la casa se queda en completo silencio y ni los libros entreabren sus páginas para darme un poco del aliento que requiero, sin embargo, mañana será diferente, podré regresar a humedecerme con la lluvia...
GRACIAS por darme la oportunidad de recrearme con su poesía y su palabra, por darme la oportunidad de saber un poco más de ustedes...
mi mano sigue abierta y seguiré buscando su mirada
no se pierdan por favor
Un abrazo
Roberto
pd. escriban algo de su experiencia en la lectura de la escuela o del Encuentro y sean tan gentiles de compartirlo..., lo enviaré a un diario local y luego a la escuela para que los niños y jòvenes sepan de ustedes..., gracias, espero...
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XIII Encuentro en Zamora
Michoacán - México
Cristina Ramallo, Córdoba, Argentina
Junio de 2009
Creo que nada es porque sí y quizá el 13 suena a negativo, pero en la astronomía, en el calendario y en la teología de los antiguos mexicanos es una cifra sagrada. Los trece dioses y el dios trece en el Popol-Vuh; el sol en el cenit y las doce estrellas, entre otros.
El encuentro fue augusto y esa cifra sagrada se materializó durante los tres días.
Más allá de la luz de las palabras, nos congrega la ternura de su organizador, el poeta Roberto Resendiz Carmona que se desvive por contener a cada uno de sus invitados y eso se nota desde antes del arribo.
El clima que se vivió fue de verdadero intercambio y hermandad. Nadie dejó de entibiar sus alas en el reencuentro o en el abrazo inaugural del que por primera vez llegaba. A eso debemos sumarle el nivel literario que tensó el poema desde la ronda inicial hasta la última y nos dejó el corazón pleno.
No podemos obviar reconocer los espacios que abrieron sus puertas para el desarrollo del evento y eso habla bien de la comunidad zamorana, pues lo enmarca en el nivel que merece. Quizá, el que no anda por estos caminos, no entiende muy bien de que se trata, pero este acontecimiento pone a Zamora en el ventanal del mundo, somos los mismos poetas los que alzamos la voz y nos adueñamos del terruño para después diseminarlo de boca en boca.
Llegar al Encuentro es estar con el alma en casa y para mi ha sido un segundo privilegio.
Felicidades Roberto por el empeño en esta titánica tarea y por velar por la excelencia que sin dudas logras.
Cristina Ramallo
desde Salsipuedes
bendiciones
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CRÓNICA DE UN ENCUENTRO DE POETAS EN ZAMORA 2009
Por: Laura Hernández Muñoz
Dicen los kabalistas, que el XIII es un número especial por sus implicaciones esotéricas. Para los poetas que asistimos a Zamora del 12 al 14 de junio, convocados por EL Dr. Roberto Reséndiz, fue el sumun de la buena suerte.
Desde el día que llegamos, jueves 11 por la noche, ya se comenzaba a sentir la magia de la palabra amable entre los poetas que nos reencontrábamos. Roberto con su actitud llena de energía, amistad, y Cristina Ramallo, con su sonrisa de hada buena nos colmaron de abrazos, besos y saludos. Después de instalarnos en la habitación, salí con mi esposo a caminar por las calles de Zamora, próspera ciudad michoacana. La noche era fresca y a paso tranquilo cruzamos la plaza. Sobre las azoteas y edificios se asomaban dos torres estilo gótico, magníficamente trabajadas. De inmediato fuimos transportados a Praga, recordando la similitud con la catedral de san Vito. Las torres iluminadas nos atrajeron como insectos a la luz. Al llegar a la calle abierta, se presentó imponente, con toda su belleza una catedral gótica maravillosa, una de las más hermosas de México. Largo rato estuvimos admirándola, y con esta imagen, regresamos a dormir al hotel.
El viernes 12 despertó con un calor agobiante que rivalizaba con el que emanaba de nuestros corazones. La cita en el Centro Regional de las Artes de Michoacán, para la inauguración, nos llevó a caminar a poetas de diez países de América, así como de España y Rusia, por las calles del mercado de una ciudad bulliciosa y trabajadora. La ceremonia estuvo como las cosas buenas: breve y sustanciosa con al presencia de las autoridades locales. Se exhibió un documental sobre Colombia, país invitado, y al terminar, fuimos distribuidos en grupos de seis poetas, para ir a dar lecturas a diferentes escuelas e instituciones educativas. A mí me llevaron, junto con Francis Mestries, Waldina Medina, Bárbara Oaxaca, José de Jesús y Mario Rey, al colegio Monarca. Una institución con el sistema Pierre Faure. Desde que subimos a la camioneta, dirigida por una de las maestras, nos dimos cuenta que la pasaríamos muy bien. El recibimiento en el colegio por los niños de quinto y sexto fue cordial. Pasamos a al biblioteca y ahí fuimos dando nuestras lecturas. Yo leí un cuento poético e invité a los niños a que hicieran una crítica constructiva; el resultado fue sorprendente. Como autora me sentí muy satisfecha por haber podido entrar a su mundo. Cada uno de mis compañeros poetas fueron leyendo, o haciendo taller, como Waldina, que en unos minutos revolucionó a toda la concurrencia. Bárabara cantó maravillosamente la historia de unos gorriones, y Mario y don José cautivaron con sus versos.
Al terminar nos trasladaron a un restaurant donde comimos y compartimos nuestras experiencias. Después fuimos al hotel para prepararnos a la tarde de lectura de poesía.
Las horas pasaron entre versos libres, y palabras llenas de emoción. Para cerrar el día nos ofrecieron un recital de ópera en el teatro del Obrero. Recinto magnífico donde la voz de una muchacha se alzó como prima donna.
El sábado seguimos con las lecturas en el teatro y por la tarde, un recital de música. Los días pasaron de prisa, se hicieron breves como un hai ku. El domingo amaneció azul cálido. Después del desayuno preparamos las maletas y partimos a Camécuaro donde nos esperaba Roberto Reséndiz para la clausura.
En mi memoria, éste balneario era un espejo de agua grande atravesado por las raíces de los sabinos, que como en cuento de hadas, tenían el poder de atrapar el cielo dentro del agua. Una gran carpa nos esperaba para resguardarnos del sol. La ceremonia de clausura con entrega de reconocimiento, libros y reloj, fue orquestada por los gritos de los compañeros poetas. El mariachi también estuvo presente, así como la birria de codero, los frijoles refritos y salsa de jitomate.
La belleza del lugar poco a poco se fue llenando de familias que venían a refrescarse en las cristalinas y verdes aguas. Se iban acomodando por grupos, y la convivencia, que en las grandes urbes se pierde en el egoísmo de la individualidad, ahí gozaba de plena realidad. Las tímidas muchachas purépechas, ofrecían los jarritos de barro, corundas y uchepos. Todo configurado en la más perfecta de las escenas de nuestra vida mexicana.
El tiempo inexorable siguió su camino, y a las seis de la tarde iniciamos el regreso a Zamora. El autobús recorrió la carretera serpenteante, flanqueada por los campos de fresas y escasos cerros poblados de huamúchiles.
Las despedidas son adioses prometiendo el reencuentro. Roberto nos dio en tres días, el privilegio de habitar el universo de la palabra, la amistad y la alegría. Se volcó en generosidad ilimitada, su trabajo de organización fue impecable. Estoy segura que logró las metas que se propuso: realizar un gran Encuentro de poetas donde cada uno de los participantes saliera enriquecido con el conocimiento de la palabra del otro, otra, y reafirmar, que en la poesía no hay género, sólo el sonido divino de la voz del alma.
Gracias Roberto, nos has dado el obsequio que nunca muere: la vivencia del XIII Encuentro.
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