ROBERTO RESENDIZ CARMONA


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3 POEMAS DEL LIBRO RECUERDOS DE PASION






ATARDECER EN LA PLAYA MARINA


Marina; como en sueños desdoblada su presente,
giraba en torno a los acantilados
hasta arrancar suspiros profundos,
asfixias del corazón.

Nada tenía importancia a su alrededor,
se envolvía por las noches con el mar
para escuchar los caracoles
anunciadores de tormentas;
medusas hechiceras
y caballitos rojos,
que un día la subieron
a ciertos caminos de la muerte.

A Marina jamás le importó cuál era su destino,
siguió desnudando su fragancia de selva
entre penumbras azules,
en noches de brisa y luna,
con la música del mar a sus espaldas
y desmayos silenciosos de sus senos.

Por las tardes,
entre bermellones del ocaso,
lamía desesperanzas,
enfados, lágrimas, iras e insatisfacciones;
besaba heridas, miedos y desazones,
engaños de la vida,
nostalgias de la muerte.

Marina, en vuelo de aves de verano,
olvidaba cubrir sus ojos de agua,
sus dientes de concha,
sus senos sonrosados,
su sexo,
eternamente a amante y desdoblado.

Nada perturbaba sus noches de revuelo,
nada preocupaba su entrega sin amarras.
El sabor del mar impregnaba su piel alabastrina
y rendía sus besos y sonrisas,
sin contar jamás oscuras realidades
ni extravíos de buques o tormentas;
no buscaba manera u olvidos,
ni tiempos que no correspondieran.

Marina; era siempre eterna en su abandono,
su cuerpo de gentil adolescente
se cubría de formas, de algas,
de conchas, de arena, y de escamas
para navegar océanos de caricias
y ocasos que llevaron a la muerte.

A marina, en ocasiones,
le gustaba sentarse a la orilla del acantilado
hasta que un día se fue tan amorosa como había llegado
y en sus dientes se quedo la sonrisa de nácar
y el sabor del mar,
que devolvió su entrega permanente.









EN DESPEDIDA


Sintió su amor y desamor
como una tarde negra,
su beso, de golpe, recorrió
vida y mejillas
amargando sus labios, su lengua,
sus sentidos.

Su beso fue tormenta
sin ton ni son los elementos,
amor de viento
sin necesidad de ser
sin necesidad… melancolía.

No debía suceder,
sin embargo,
el mar se conjugó
en citas absurdas,
en citas vestidas de likra negra
con sal en las manos,
en los labios color ladrillo,
con un insomnio eterno;
con duelo, con coraje,
con sufrimiento de muerte,
amor con desamor
y despedida.

Sintió un beso de muerte
con miedo y de ladrillo…









OLVIDO EN HOJAS DE OTOÑO Y NUBES DE AGUA

Tal vez no sepas del dolor
que siembras con tu ausencia,
tal vez olvides el sabor de ayer
que dejaste entre los labios,
tal vez te parezca
angustia senil
comentar al viento
de los negros crespones del marasmo.
Tal vez olvides el sitio y el sepulcro
donde yacen marchitas
las rosas rojas
que olvidaste en tu partida.
Tal vez, en poco tiempo,
olvides la muerte que abortamos
los sueños que matamos juntos.







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