Menu Principal:
AMOR DE UN PEZ DE COLORES
Dentro de ti
busco el principio
entre un mar de coral
y borrascas de ensueño
con sabor a miedo.
Tejes un sueño,
-un vuelo-
Tejes; columnas, valles,
montañas de soledad compartida,
un manantial de almíbar
que canta anocheceres.
Dentro de ti,
descubro flores de invierno
en primavera,
universos radiantes
sin guerras ni desastres
un silencio virgen
donde no hay distancia
para arribar a cien constelaciones.
Dentro de ti,
anuncio los milagros
en verdes y amarillos,
rezo tus caricias
en juegos de artificio,
hechizado en tus mares
que aprisionan
diez mil amaneceres.
Dentro de ti
reinvento la galaxia,
soy un pez de colores,
supernova naciente
en un cielo estrellado.
PASIÓN QUE PERFUMA
Amarte así...
Mar acompasado lamiendo litorales
impregnado de espuma
de sal, de brisa,
de tus contornos silenciosos.
Nacer, morir en ti,
con las manos desnudas
con el alma despierta
en vuelo de gaviota
latiendo itinerante
una lluvia de estrellas cristalinas.
Y soy ola desdoblando espejos,
caracol prendido al arrecife,
un pez vela, atrapado,
en el interminable palpitar
de tu exquisita fragancia de mar
la que perfuma al viento.
UN CORREDOR DEL VIENTO
Para: Evelia, Jorge, Maru y Jorge
El viento golpetea la cara
con remolinos de sensaciones
febriles y calcinadas.
Sólo el deseo florece en cada paso,
para alcanzar una estrella en el espacio.
Es nebulosa de espirales azules
y zigzagueantes golondrinas
en busca de una voz remota.
Este es un mundo en donde el agua y el oxígeno
se transforman en alas,
en combustible que va quemando
los suspiros y los rezos,
los ríos frutales que corren al sur del paraíso.
Nada importa del ayer y sus pecados,
el latido envuelve la atmósfera candente
el tortuoso serpentear de la tierra
que habita en la distancia
y los jadeos transparentes del cansancio.
Veloz, el cuerpo se ahuma de colores,
vuela entre frondas y nubes caprichosas
estallando en luces de cristales,
como un puñado de estrellas,
humedecidas de tantas tempestades.
A veces,
un disparo es el principio
para cubrir el horizonte,
la salvaje distancia que nos agrieta el vientre
lacerando los músculos abiertos
y las heridas de sal sobre la tierra.